Relato del sur que sangra… Y resucita
“Pero aquí abajo, cerca de las raíces, es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible, que todo el mundo sepa que el sur también existe”.
Así el poeta uruguayo Mario Benedetti le recitaba con el corazón en la mano al sur de aquí y de allá y hoy yo estuve en el sur de Mérida y el poema llegó volando bajito a mi cabeza.
Porque en la Mérida blanca y chula, del PAN y de Morena, el sur también existe y hoy, desde la Parroquia San José Obrero y en el corazón de San José Tecoh, vivimos en carne propia el Vía Crucis viviente que organizó la Pastoral Juvenil de la iglesia y que contó con la participación de cientos de personas, entre grandes y chicos.
En esta comunidad creyente, emocionada y la única del sur que organiza desde hace cuatro esta representación católica, vivimos juntos la pasión de Cristo, caminamos con él por las calles, lo acompañamos mientras cargaba la cruz, escuchamos los rezos en cada una de las 14 estaciones, convivimos con las y los vecinos que salieron de sus hogares a vivir también el calvario y terminamos todas y todos juntos viendo a Jesús crucificado, muerto y enterrado.







Raúl fue el hombre que se puso en la piel de Cristo. Del barrio Salvador Alvarado Sur y lleno de emoción, este licenciado en Derecho de 28 años representó por segunda vez consecutiva a Jesús en el Vía Crucis. Con las manos atadas y mientras su compañeros en escena se echaban entre sí porras antes de salir a escena (los mismos compañeros que minutos más tarde lo azotarían sin piedad), Raúl-Jesús ya con las manos atadas, elevó sus ojos al cielo y se encomendó a Dios, en una plegaria en silencio. Hoy Raúl moriría como Jesús, de la peor forma.
Más tarde y luego de salir del Santo Sepulcro, me contaría que lo más duro que vivió durante todo el calvario fue caerse, volver a levantarse y ver proyectada su sombra mientras cargaba la cruz. “Me veía en mi sombra y pensaba ´Yo no estoy viviendo ni el 1% de lo que vivió Cristo´ compartió, emocionado.
Seas o no católico, el Vía Crucis relatado por el párroco Ricardo, fue muy emocionante porque las actuaciones fueron muy buenas, la organización del evento coordinada por César fue sensacional, porque Mayra -una chica con una voz espléndida- acompañó cantando durante todo el calvario y porque alrededor de 500 personas -familias con hijos, parejas de todas las edades y curiosas y curiosos que se fueron sumando- acompañaron con el corazón en la mano.






En un recorrido por las calles de San José Tecoh que duró más de dos horas, Cristo terminó crucificado en la cancha de la Parroquia San José Obrero y ese se convirtió en el momento más emocionante del Vía Crucis para Raúl en la interpretación de Jesús y él mismo nos cuenta que no podía parar de llorar. Y justo en el momento en que falleció en la cruz, el cielo que ardía de sol, se puso todo nublado y María lloró fuerte y desesperada, con su hijo muerto en el regazo.
Y aunque Jesús estará enterrado hasta su resurrección el domingo, Raúl salió del santo sepulcro caminando y ya es él de nuevo, aunque sus ojos estén cansados y llorosos, su espalda esté lastimada de latigazos y se sienta deshidratado. Pero con la fe renovada y un agradecimiento a flor de piel por el hombre que interpretó, ese que dio la vida por los demás y hoy, miles de años después, se sigue recordando.-Cecilia García Olivieri.