Relato de una gala sinfónica navideña que me hizo un poco menos grinch
¿A quién se le ocurre morirse dos meses y medio antes de la Navidad? Yo tenía 8 años y mi abuelo materno Carlos -el pater famiglia- tuvo un infarto y se murió en cuestión de minutos. Era septiembre de 1980 y a partir de ese momento, mi hermana Sole, yo y más tarde mi hermana Carla quedamos huérfanas de Navidad para siempre.
Porque ni mi madre ni mi abuela -hija y esposa del difunto, respectivamente- nunca más volvieron a celebrar la Navidad como cuando vivía don Carlos y aunque pasaban los años, cada diciembre se acordaban que dos meses antes era el aniversario del difunto, así que era imposible arrancarles esa tristeza del corazón. Y “sin querer queriendo” nos contagiaron a nosotras tres que éramos niñas esa misma “saudade”.
Recién cuando fui adulta y tuve hijos, volví a revivir el gusto por la fiestas decembrinas, hasta que la descendencia creció y dejó de creer en Santa Claus (o Papá Noel, como le digo yo), entonces retomé los viejos hábitos familiares y puedo decir que soy un poco grinch porque arrastro la tristeza que mamé de mi familia en las fiestas: No me llama la atención armar el arbolito, me encanta comer pero me estresa preparar el menú del 24 y de 31 y no trasnocho ninguno de los dos días.
Pero hoy decidí ponerme a prueba y me lancé al Gran Parque de la Plancha a vivir la Gala Sinfónica Navideña que ofrecieron músicas y músicos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), bajo la batuta recién estrenada del flamante director artístico titular Alfonso Scarano. Y digo que me puse a prueba porque iba a escuchar puras melodías navideñas y pensaba ¿Me emocionará? ¿Me latirá fuerte el corazón? ¿Lo disfrutaré? ¿O no?







El anfiteatro con capacidad para 3 mil almas estaba lleno y todos los alrededores también, así que calculo que seríamos como 6 mil personas, de todas las edades. Las y los músicos aparecieron con gorritos de Santa Claus y todos estábamos expectantes de ver al director italiano en acción… Y ahí estaba él.
De traje de verano y corbata, Alfonso saludó a las y los ejecutantes y a todos nosotros y movió la batuta para arrancar con “Fanfarria del ballet La Peri”, que de nombre quizás no la conoces, pero si la escuchas seguro que sí. Siguió otra melodía que conocíamos todos (Paseo en trineo) y luego Alfonso invitó a tres trompetistas para que pasaran a frente y nos deleitaran con “La fiesta de las trompetas”.
Siguió un Santa Claus que apareció en escena y acompañó a la OSY con melodías que salían de una máquina de escribir y de una campanita y todo era felicidad y jolgorio y me divertía el concierto… Hasta que apareció al frente el músico Sasha Ovcharov con su oboe y algo me pasó….
La melodía de “El oboe de Gabriel” salió del escenario, pero también de otra época de mi vida y se me instaló en el pecho, justo del lado izquierdo, donde tengo el corazón. Había algo familiar en la melodía, ya la había escuchado antes y efectivamente es el tema principal de la película “La Misión”, que aborda el tema de las misiones jesuitas en América del Sur ¿Se acuerdan? Una peli inolvidable en mi vida.




Y esa melodía maravillosa la hizo Ennio Morricone, el mismo genio que creó la música de Cinema Paradiso, la película que seguro ustedes vieron y lloraron de emoción como yo… Bueno, con el oboe ejecutado por Sasha, el acompañamiento de toda la orquesta y Alfonso llevando la batuta, a mi me entró en ese momento la Gala Navideña intravenosa y me recorrió toda… Hasta emocionarme ¿No que eras grinch, sudaca? Pos no, no soy tanto y me emocioné hasta llorar con esta melodía. Eso nos puede hacer la música, bendita música.
Después del Oboe de Gabriel siguieron más temas navideños que todas y todos conocemos, entre clásicos, más música de película, todos con mucho swing, tonos de baladas y hasta con colores jazzeros. Y ya me puse a hacer palmas con todos y solo me faltaba el gorrito de Santa y salir corriendo a casa a armar el arbolito.
El concierto estuvo 100 puntos y el espíritu navideño nos permeó a todas y todos… Y Pensé en mi mamá y en mi abuela y en esa tristeza de luto decembrino que en realidad era de ellas, no mía… Y aunque me la hicieron vivir, nunca me perteneció y hoy la música me la quitó por completo.
Gracias, OSY por tan generoso concierto y gracias a Alfonso por llenar de frescura a la orquesta, que desde hoy siento más cercana.
Y gracias por hacerme hoy un poquito menos grinch…-Cecilia García Olivieri.