Farmear aura y el logro de soltar la compu, tomar espacios y hacer resistencia chida
México es un país tremendamente adultocentrista, digamos todo ¿Qué significa esto? Te lo digo cortito y al pie: Que las opiniones de las infancias y adolescencias no siempre se toman en cuenta, son minimizadas y a veces ridiculizadas. Y hoy muchas personas adultas andan conflictuadas y hasta horrorizadas con el «Farmear Aura», que es tendencia y hasta tuvo su presentación publica ayer en Mérida, en el Monumento a la Patria. En este texto que comparto y que escribo, además, como mamá de un adolescente, te muestro el vaso «medio lleno» de lo que está logrando el farmear aura, con nuestros chicos saliendo un rato del mundo virtual para tomar espacios y hacer resistencia chida a su manera, con phonk de fondo y poses, caminatas, bailes y más… Pasen y lean:
Me he preguntado en un pasado lejano y no tanto y lo hago también hoy y probablemente lo haga mañana: ¿Por qué reincidimos en la maternidad? Si tener una hija o hijo ya te muestra cómo es el panorama completo (instinto animal, felicidad, angustias, miedos, hartazgo, codependencia, culpa, ganas de irse volando, ganas de volver volando, satisfacción, insatisfacción y mucho más….) ¿Por qué queremos volver a vivir toda esta locura de emociones que nos provocan esos seres que salen de adentro nuestro y tienen una permanencia radical en nuestras vidas? No lo sé… Pero yo ahorita mismo, mientras lees esto, vuelvo a ser mamá de una persona adolescente y navego de nuevo sin salvavidas en un mar de aguas complicadas.
Martin tiene 15 años, acaba de comenzar la preparatoria y yo desde hace meses -que siento que son siglos-, soy de nuevo una “mamá incómoda”, ahora para él. Su hermana mayor Julia ya tiene 20 y diría que sorteamos esa etapa y ahora somos más compañeras y compinches. Pero con este ser humano flaco, desgarbado, altísimo, que me mira mal, eleva los hombros indiscriminadamente cuando le pregunto algo (ese ejercicio es un “no sé”), me dice “Cecilia” en lugar de “ma” cuando está enojado conmigo y me dice Cecilia más veces que “ma”, últimamente. Sin embargo, cuando se da cuenta -porque en algún momento le cae el 20- que está siendo malvado con su progenitora (no es tonto: sabe que le doy techo, alimentos y más), me suelta un “te amo, ma” y me abraza y yo caigo de nuevo en sus redes… Y así estamos en loop.
Todo esto para decirles que ayer no llegué al Monumento a la Patria para mostrarles el encuentro de «Farmear Aura» que se armó con la chaviza, pero sí platiqué con el adolescente que tengo en casa sobre el tema. Y siento que, como mamá de un chico de 15 años, tengo información valiosa para compartirte a ti que: o no tienes hijos, o tienes hijos grandes o muy chiquitos, o vives en el pasado o adentro de un tupperware, o eres políticamente correcto para caerle bien a todos y tienes una doble moral grande como una casa, o eres libre como el viento y fluyes con el farmear aura que tanto resuena hoy día, aquí, allá y en todos lados.
Si todavía no sabes qué es farmear aura, te lo cuento rapidísimo: es un encuentro de estética digital, musica phonk y batallas de actitud. Comenzó como una tendencia de los videojuegos y las redes sociales y se transformó en un encuentro presencial masivo en diversas ciudades de países latinoamericanos. Ahí, las adolescencias suben a escena a realizar poses, gestos, caminatas o bailes con la premisa de interactuar con quien tienen enfrente -es un ida y vuelta, claro-, eclipsarlo y ganar el aplauso de los presentes. Farmear aura es como cosechar carisma, confianza, seguridad… “Tirar cara”, como dirían en mi rancho y el que lo hace mejor, gana.
Ahora bien, farmear aura es de ellas, ellos y elles, no es nuestro. Esta chaviza adolescente, Generación Z, farmea aura. Y cuando le pregunto a Martín qué opina o trato de buscar palabras que me den respuesta, me regala un: “Está bueno, ma” y un largo silencio.
Martín es un tipo introvertido, nerd, gamer, de mucha computadora y muy poca calle. La pandemia le robó, como a muchos chicos de su edad, años de niñez. En las paredes de su cuarto tiene colgado un esqueleto de más de un metro que compramos en un supermercado para Halloween, un póster de la película “Five Nights at Freddy’s” y una tabla periódica de química gigante que casi cubre una pared. Lee casi nada, pero yo insisto y por ahí andan sobre su escritorio un libro de Isaac Asimov y otro con 6 mil preguntas y respuestas sobre naturaleza y biología.
Y Martín con su “Está bueno, ma”, me contó que en la Preparatoria Uno de la Uady donde estudia ya vivió unas batallas de farmear aura, que le gustaron, pero me dijo que “no se movería” al Monumento a la Patria ni a ningún otro lado a ver más batallas. Si la montaña no va a Martín, Martín no va a la montaña.
Me contó que le gusta la música y me aclaró bien que no es funk, que es phonk -estilo un poco denso, oscurito, digital, para crear atmósfera)- y que lo más le divirtió de la batalla que vio en la prepa fueron las poses de ida y vuelta que se hacían los chavos, la rapidez de respuesta y que le dio risa. “Es eso, risa, es divertido”, me dijo harto de mis preguntas y levantando los hombros flacos 300 veces en medio segundo.
Ahora, un facto que me tiró Martín y que me pareció interesante es que él disfruta de los memes sobre farmear aura. O sea, esto surge del mundo digital, sale del mundo digital y ahí regresa para seguir fluyendo.
TOMAR LA CALLE
Como este adolescente ya no quiso hablar del tema, me fui de su vida por un rato y mientras escribo esto pienso: ¿jHace cuánto no vemos un grupo de más de 100 chicos en plena adolescencia reunidos en un lugar público? Estos adolescentes que vivieron una etapa clave de sus vidas encerrados por culpa del covid-19 y que viven desde entonces y hoy día una hiperconexión al mundo digital, dejaron a un lado un rato las pantallas y salieron a la calle, HICIERON SUYA LA CALLE y eso es UN MONTÓN.
Entonces ahí es cuando farmear aura se convierte en encuentro, en pertenencia, en risa compartida, en vínculo social, es construcción de identidad y permanencia. Estos chicos tomaron espacios públicos en cuerpo presente y generaron una experiencia que es enorme, expresiva y súper válida. No les importa la mirada ajena y se exponen auténticos como son: sin dramas ni perfeccionismos.
Y a los que tiran hate, les recuerdo que alguna vez fueron hippies, floggers, emos, darks y no sé cuántas más tribus urbanas… Tranqui, bajen un cambio, estos chicos necesitan también sus propios ritos urbanos para encontrarse y vale oro que lo hagan, como lo hagan, pero que lo hagan.
Sigan posando, bailando y riendo. Sigan haciéndose espacio. Mis respetos, chavos.
Y parafraseando a Les Luthiers en el famoso número musical “La gallina dijo Eureka”, me apropio de la expresión y la cambio un poquito para pedirte a ti, persona adulta: “Nené, déjalos vivir”. -Ceci García Olivieri.
(Gracias a Eco Yucatán por compartirme este video).