Saco y corbata, una medalla y la memoria que persiste
No vistió guayabera.
En sesión de Cabildo, donde la solemnidad suele vestirse de lino blanco, Mario Humberto Ruz Sosa apareció con saco y corbata, mientras la ciudad, afuera, seguía siendo la misma: piedra clara, historia superpuesta, memoria a pleno sol y efímeramente más fría.
La ocasión ameritaba vestir traje, aunque en estas tierras no estemos acostumbrados. Y es que Ruz Sosa recibió hoy la Medalla Silvio Zavala a la Cultura y las Artes 2026, el máximo reconocimiento que otorga el Ayuntamiento de Mérida a una trayectoria dedicada a investigar, difundir y defender la cultura maya. Fue un homenaje donde las palabras pesaron más que los aplausos.

Como orador invitado, el médico cirujano, doctor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) evocó la figura de Silvio Zavala, historiador y diplomático prolífico, autor de más de 60 libros y 250 artículos que recorren desde la discusión sobre el llamado “descubrimiento” de América hasta los engranajes menos visibles de la Nueva España. «La historia nunca es lineal ni cómoda», recordó Ruz Sosa.
El punto de inflexión llegó cuando habló del avance de la disciplina histórica y del rescate de las mujeres como protagonistas de la historia. Ruz Sosa citó una carta de la exemperatriz Carlota -escrita tras su visita a Yucatán-, en la que describía a un pueblo capaz de conservar su energía, su identidad y su autonomía en medio de la devastación general. La cita quedó suspendida en el aire y nos dejó pensando, como una verdad que todavía interpela.
La elección del recipiendario fue avalada por un comité de autoridades académicas y culturales, pero el cierre tuvo un tono más íntimo. La alcaldesa Cecilia Patrón Laviada destacó que Ruz Sosa ha dedicado décadas a recorrer comunidades, a escuchar lenguas y memorias que no siempre entran en los archivos. A no idealizar el pasado, sino a mirarlo con rigor y con afecto.
Cuando terminó la ceremonia, el frío seguía ahí, breve y extraño. Mérida volvió a su pulso habitual. La medalla quedó entregada. Y la memoria —esa que no se adapta a estaciones ni modas— persiste, contra viento y marea.-Cecilia García Olivieri.