Relato sobre mamitas, sin corazones ni moños
Entre tantos corazones y flores que nos inundan en el Día de la Madre, yo siento hoy una mezcla rara de melancolía. Los brasileños lo llaman “Saudade” y la palabra tiene tanto ritmo y una cadencia tan particular que, aunque no entendamos el término, sabemos que es una mezcla de alegría y tristeza… Nostalgia, bah.
Porque la maternidad no es del color rosa de las flores y los corazones… Más bien tiene un color piel, con tonalidades oscuras que algunas veces nos meten miedo.
Y es que las maternidades duelen, también. Porque hoy -y no sólo el 10 de mayo, sino ayer y siempre- además de los regalos y las felicitaciones para las mamitas de publicidad, también hay:
Mamitas sin hijos
Hijos sin mamitas
Mamitas con hijos enfermos
Mamitas agotadas que no llegan a fin de mes
Mamitas golpeadas
Mamitas víctimas de feminicidio
Mamitas rotas
Mamitas presas
Mamitas hartas
Mamitas que cuidan en soledad
Mamitas que abandonan
Mamitas deprimidas
Mamitas sin esperanza
…Y más mamitas…
Y pululan entre nosotros y hasta cada mujer que materna tiene una mamita de estas metida, como una basurita, en el ojo.
La maternidad es enorme y transformadora y no tiene “lado A” ni “lado B”, es un todo con el que vivimos 24/7, una revolución continua y en loop. Como decía el escritor Juan Sklar: «Los hijos son radicales en su permanencia. En una época donde todo cambia, todo fluye y nada queda, los hijos siempre están. Aún cuando no están. Si te vas, si se mueren, si te dejás de hablar, la única forma de dejar de tener un hijo, es destrozándote la vida»-
Y hoy, además de abrazar a todas las mamitas que mencioné arriba, me pongo de pie y aplaudo fuerte a otras mamitas de nuestras vidas, tan importantes como la que nos parió:
Esa amiga mamita que te cuida con sus palabras
Esa maestra mamita que te enseñó algo súper importante en tu vida
Esa colega mamita que te pregunta cómo estás, desde el corazón
Esa vecina mamita, la mamita de un amigo de tu hijo, la de la tienda de la esquina, la que te cruzaste en la consulta médica…. Y las mamitas que no tuvieron bebé en la panza, sino que les nació del corazón y hoy maternan llenas de amor.
Hoy le pedí a mis hijos que me dijeran tres cosas que les gusta de mi como mamá y me contestaron: “Tu sentido del humor, tu corazón y tu perseverancia” (en ese orden, palabras más, palabras menos). No creo que ellos me hayan elegido a mi ni yo a ellos, la vida nos cruzó y ahí vamos, tratando de hacer las cosas lo mejor posible, siempre con mucho amor, porque el amor salva.
Ah, y los hijos no son bendiciones, son responsabilidades, por si tenían el pendiente.
Y si te cruzas en tu vida con una mamita, empatiza con ella no sólo hoy, sino todos los días del año. -Ceci García Olivieri.
(La imagen de portada es de Martín, Julia y yo, desde Buenos Aires, Argentina, un día de invierno de 2011).