Relato de una tarde de coincidencias, en un castillo y con una serpiente emplumada
En tiempos de virtualidad, de “mejor estar solos que mal acompañados”, en tiempos de amarse más a uno mismo que de regalarle abrazos a los demás… Ayer 8 mil 428 almas coincidimos en las ganas de estar bien y esto no es un dato menor.
Porque ni nos conocíamos, pero todas y todos -grandes y chicos, en inglés, en español, en maya y en pakistaní, de blanco y con playeras de rock, en distintos colores de piel y de sexualidad…- Todos llegamos hasta los pies del Castillo de Kukulcán en el sitio arqueológico de Chichén Itzá para vivir el Equinoccio de Primavera y para sentirnos renovados, con energías nuevas para seguir adelante.
Y fue mi primera vez en vivir esta experiencia arqueoastronómica, que tiene ciencia y mística, razonamiento científico y altas dosis de conexión espiritual en la manifestación de la renovación e inicio de nuevos ciclos de vida.
Cuando divisas el emblemático Castillo de Kukulcán -Maravilla del Mundo- el bombeo de sangre al corazón cambia, se altera un poquito, leve… Pero lo notas. Imponente, de 30 metros y 365 escalones, milenario y Patrimonio de la Humanidad, sobre su escalinata y cuando empieza a caer la tarde, un juego de luces y sombras crean la ilusión de la Serpiente Emplumada descendiendo por la pirámide.
Y sí, ahí está, así se fue formando desde las 3 hasta las casi 5 de la tarde, bajo un sol abrazador que calentaba celulares y unas nubes amorosas que, de repente, nos daban un respiro, mientras el juego de luces y sombras seguía avanzando hasta la cabeza de piedra de la serpiente.
Entonces, 10 minutos antes de las 5 y cuando las nubes se esfumaron para que volviera a brillar el sol, ahí estaba ella… La Serpiente Emplumada con sus triángulos de luz proyectados por las nueve terrazas que forman su cuerpo, conectando el templo superior con la cabeza pétrea en la base. Una maravilla, realmente… Y dichosos todas y todos los que lo pudimos vivir.
Y claro, era el momento de elevar los brazos al cielo, con las palmas de las manos hacia arriba y ahí cada uno hizo su ritual personalísimo, en silencio y con línea directa entre cerebro, corazón y alma. Y se escucharon aplausos y se sintieron abrazos.
Porque ayer elegimos estar todos juntos, al rayo del sol, conectados con la astronomía y la espiritualidad y sobre todo fluimos en la coincidencia de querer estar bien, mejor que ayer, renovados para seguir adelante y más vivos que nunca.-Cecilia García Olivieri.
PD: Gracias totales a todas las personas que participaron en el vídeo.