Relato de una identidad auténtica, en carnaval y sin disfraces
¿Cómo te explico la identidad que brota por los poros? ¿Cómo te hablo del orgullo de portar una prenda de vestir? ¿Cómo te hago entender que una melodía provoque levantar la cabeza con ganas, sonreír como si la cámara te estuviera tomando de aquí o de allá y moverte al ritmo de una jarana que cobijas con amor en tu memoria desde que eras nené? ¿Cómo te digo que ser yucateca o yucateco no es sólo vivir en Yucatán, es también saber llevarlo en el ADN?
Escribo esto y me emociono un poco, porque esta no es la tierra que me vio nacer, pero si es la que me cobija a mi y a mis hijos desde hace años y se hizo mi hogar, en mi mente y corazón.
Y anoche, mientras llegaba tarde al Desfile Regional del Circo Carnaval Mérida 2026, mientras entraba al derrotero por donde termina para mostrarte esta noche tradicional y mágica, mientras te contaba la historia por el final -como una película policial-, porque la puesta en escena se acababa y venía la desconcentración y se desarmaba el encanto del baile… Justo ahí entendí que sentirse yucateca o yucateco es algo poderoso.
















Porque ellas y ellos -grandes y chicos- con sus hipiles, guayaberas, sandalias, rebozos, tocados, disfraces increíbles con motivos mayas, cintas de colores, bandejas en la cabeza, flores, colores y más colores… Ellas y ellos dejaban de bailar y seguían siendo en toda su anatomía y alma yucatecos, orgullosos y protagonistas de su historia y sobre todo transmisores de esa identidad que bajo ningún punto de vista se extingue, sino que busca transcender, que contagia y que también da un poco de envidia -de la sana- porque es transparente y auténtica.
La fiesta que se armó anoche en el Desfile Regional en el anteúltimo día del Circo Carnaval Mérida 2026, estuvo repleta de gente y fue sin duda la noche más bonita y poderosa porque fue, realmente, la de todas ellas y ellos como protagonistas orgullosos de la celebración en casa, en Yucatán. Gracias por compartirla con todos nosotros y por contagiarnos el amor de la identidad.
Al gran pueblo yucateco ¡Salud! -Cecilia García Olivieri.
