Mucho adulto, poca escucha ¿Quién cuida la salud mental de las infancias y adolescencias?
Columna de Sábado Sudaca
Por @LaFlacaDelAmor
En el Día Mundial de la Salud Mental, @LaFlacadelAmor reaparece para reflexionar sobre el adultocentrismo, las emociones que minimizamos y la urgencia de escuchar a niñas, niños y adolescentes en un mundo que les exige crecer demasiado rápido. Hablar de salud mental es fundamental, así como sacudirnos la rudeza y volvernos vulnerables para sentir más y fluir mejor. Y si necesitas apoyo terapéutico, al final de la columna te comparto unos teléfonos que te pueden ayudar. Pasen y lean:
En un país y en un estado adultocentristas como México y Yucatán, la salud mental de las infancias y adolescencias importan, pero más de la boca para fuera. Decir que es prioridad atender las emociones de los chicos es políticamente correcto y hasta “progres”, pero no se lleva demasiado a la práctica, digamos todo.
Y a eso súmale que a las y los adultos tampoco nos va bien en este tema, porque la salud mental sigue siendo en 2026 la “hermanita menor” -o peor -, “la hermanita no reconocida” de la salud pública. Así que, para que no se nos funda el motor, ahí la llevamos: poniendo el freno de mano como podemos (“tengo que hacer esto y aquello, pero no doy a basto con todo”), limpiando el parabrisas de expectativas ajenas que no nos suman absolutamente nada y pidiendo auxilio vial de vez en cuando para platicar con una amistad, un familiar o ir a terapia.
Pero… No metemos el auto al service completo, no señor… Porque no se puede parar y ahí vamos… A punto de que el motor se apague en pleno Periférico, en el horario más complicado. Somos pequeñitas bombas de tiempo a punto de estallar.
Pero no voy a cometer el error adultocentrista de basar este texto en la perspectiva e intereses de “los grandes” sin considerar a “los chicos”, no señor. Hoy, Día Mundial de la Salud Mental, tengo la certeza de más de 50 años de vida de que cuidar a las infancias es voltear a ver y proteger el suelo que pisamos y que pisaremos cuando seamos adultos.


LOS CHICOS TAMBIÉN SE DEPRIMEN
Porque se nos olvida que los chicos también se saturan y también se DEPRIMEN, digamos todo. Pensamos que porque su única chamba es jugar e ir a la escuela, viven en un mundo de algodón. Qué gran patraña. Las infancias de hoy habitan la misma ciudad que nosotros, absorben el estrés de sus papás, el ritmo frenético de las pantallas y la presión invisible de un mundo que les pide crecer demasiado rápido, fuertes, duros y felices… ¿Pero a qué costo, adultos?
Para un nené, la salud mental se expresa de otra forma:
- Un niño que juega que imagina y que raya las paredes está procesando el mundo. Quitarles el juego por saturarlos de tareas es apagarles el interruptor de emergencia.
- Oilo ahora: Los berrinches no son caprichos: En su idioma, una rabieta o un llanto incontrolable significa muchas veces: «No sé qué hacer con todo esto que siento aquí adentro».
- El refugio es su tribu: La mente de un niño crece fuerte si sabe que, no importa qué tan rota esté la calle afuera, en casa hay un abrazo seguro, orejas que escuchan sin juzgar y ojos que sí lo ven.
Cuidar la salud mental de las infancias NO ES SOBREPROTEGERLOS, es darles las herramientas para que cuando el mundo se ponga gris, sepan que está bien llorar, que está bien parar y que su valor no depende de cumplir las expectativas de los adultos. Sanar a un niño hoy es evitar un adulto roto mañana.
ADOLESCER ADOLESCENCIA
Y esto que vas a leer, lo escribo en primera persona, porque vivo con un adolescente de 15 años y con una adulta joven de 20. Así que ya que hablamos de los chicos, hablemos también de la adolescencia, que es totalmente distinta a la que viviste tú, que ahorita eres adulto. La calle mutó y ahora es digital. Imagina tener 15, las hormonas a flor de piel, el cerebro reconfigurándose por completo y, para colmo, un espejo gigante llamado mundo virtual que te atrapa.
Y, como adultos, pensamos que la adolescencia ahora es estar desconectados de la realidad para vivir en esa Matrix, pero no nené, no te equivoques… Los adolescentes están más conectados que nunca al mundo, no se pierden de nada como crees, pero viven ridículamente más solos en sus cuartos que nosotros.
Y aunque no parezca que te escuchan, nada cae en saco roto, así que hay que estar presentes siempre, en todo momento. Porque gritarles, quitarles el celular sin explicaciones o minimizar sus problemas diciendo “exageras, ninio”, o “Yo a tu edad trabajaba” es generar una grieta infinita entre nosotros y ellos.
Cuidar la salud mental de un adolescente es aprender a descifrar sus silencios, respetar sus espacios y asegurarles que su cuarto es un búnker seguro, aunque como progenitores esto nos amargue la vida a veces. Pero es tan importante dejarles claro que ahí estamos siempre y les vamos a hacer el aguante en esta etapa de crecimiento que no un destino rápido, sino un camino que se construye pasito a paso.
Hablemos todas y todos de salud mental, pidamos ayuda, escuchemos, pongámonos en el lugar del otro, tomemos distancia si hay gente con la que no vibramos chido, descansemos, comamos saludable, caminemos, miremos películas, leamos libros, besémonos, adoptemos un perrito o un gatito, cultivémonos, metámonos en el mar y démonos un abrazo fuerte, porque el amor salva y lo importante es eso chiquito que te hace sentir BIEN.-@laflacadelamor
Si necesitas apoyo psicológico, no dudes en comunicarte al 800 108 8000 para recibir orientación y apoyo emocional gratuito con profesionales de la psicología a cualquier hora y en todo el estado.
Si vives en Mérida, puedes acudir a los Centros Alma Nova, hay en distintos puntos de la ciudad y la atención es gratuita, Aquí encuentras toda la información y es para grandes y chicos: https://merida.gob.mx/bienestar/salud-mental.php