«Moria»: mucha teta, más cerebro y cero permiso para ser libre
Este reseña empieza con spoiler alert: La serie de Netflix “Moria” de ocho capítulos recién salidos del horno es por sobre todas las cosas un homenaje a Moria Casán: mujer de libertad tremenda, de mucha teta y más cerebro, vedette, actriz, artista, madre y por sobre todas las cosas librepensadora de lengua afilada… Y argentina, claro, que no es un detalle menor. Tiene honestidad brutal, fantasía, mucha purpurina y concheros, sexo, escándalos, historia argentina y la realidad de vida de “La One”, la “Obelisco con tetas”, la “Monstrua”. Felices 80, Moria y gracias por existir… Pasen y lean:
Hay frases de Moria que son parte del inconsciente colectivo argentino. No es lunfardo, no son simplemente argentinismos: es honestidad brutal que atraviesa, descose, duele pero divierte, incomoda pero también identifica.
Porque cuando Ana María Casanova -Moria Casán- pregunta: “¿Quiénes son?”, o señala a diestra y siniestra: “Se calla el decorado” o invita a un: “Si querés llorar, llora”, o declara: “Soy un hombre homosexual encerrado en el cuerpo de una mujer”, “Mis neuronas tienen clítoris”, la icónica: “Se cuelgan de mis tetas”, “Estoy reseteada contra la huevada” o “Metete otro acting porque no te lo creo” (hay tantas que no termino más)… Con estas frases, ella construye a partir de su estilo directo un fenómeno cultural que trasciende la pantalla y se nos mete en el torrente sanguíneo como una trompada.
Moria Casán celebra, al final de la serie de Netflix “Moria” sus 80 años y no es ficción. La protagonista de esta historia de vida que navega con vértigo entre la realidad, la fantasía, interpretaciones brutales y mucha libertad termina con “La One” -la real- al final de episodio ocho bailando en una fiesta locochona con sus personajes de la serie, familia, periodistas, amigxs de la vida y público en una “constelación total y absoluta”, como ella misma dice. Sí, ella que nació en 1946, que cumplió este año ocho décadas de vida, grita a los cuatro vientos: “Nunca negocié mi libertad con nadie”.





Y así es ella: vedette, actriz, artista y librepensadora de lengua afilada y así construyó la historia de la serie Javier Van de Router, autor y director de esta locura que se llama “Moria”. Porque mientras ella construyó solita su propio personaje a lo largo de su vida, Van de Couter logró algo titánico: ficcionar a una mujer que lleva 80 años dejando al desnudo a la mujer detrás de las pestañas postizas, la emblemática peluca, los brillos, las plumas y el conchero: Ahí está Moria, sin medias tintas.
Hija única que estudió piano, danza en ingles y luego Derecho, en una época en que no era tan común para las mujeres. Y ahí estaba Moria. Pero no era exactamente lo que quería y un día dejó la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires para meterse de pleno en el Teatro de Revistas y nunca más salió… Y lo revolucionó con su libertad.
Porque en una industria donde el cuerpo de las mujeres era literalmente una cosa, ella supo administrarlo y usarlo con cerebro y ahí rompió paradigmas. Y saltó a la tele y movió también el avispero en distintos formatos e épocas porque ella era así, es así… “Marciana”, como se define.
En la serie “Moria” está la historia argentina cabalgando de refilón a lo largo de todo el relato junto a la fama de Moria, escándalos, historia de abusos y violencias, vínculos, sexo, drogas, cárcel, maternidad y la confrontación siempre. Ella lo dice una y otra vez: “Yo soy el futuro” y sin duda tiene razón ¿Saben por qué? Porque es habitual ver que las divas se quedan en su época de juventud, pero ella no: trasciende todo y hoy con 80 años es más diva que nunca, más auténtica que siempre.
Y más allá de que la “marciana” aparece a lo largo de toda la serie como si manejara los hilos de su historia (literal), va una mención especial y con un mil de calificación a las actuaciones formidables de las tres que la interpretan a lo largo de su vida: Su hija en la vida real Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth, todas monumentales en sus actuaciones porque entendieron a la perfección al personaje y logran provocar, como “La One”, todo el tiempo. Y mis respetos especiales a Sofía Gala y sus ovarios para hacer de su mamá… Pero siendo hija. Porque haber salido de Moria no es fácil, que te quede claro.
“Moria” es lúdica, queer, divertida, emocionante y lo mejor es que te deja pensando. Porque, entre ficción y realidad que desborda, ahí está Ella, la verdadera, mirando desde su panóptico el espectáculo de su propia vida sin negociar en ningún momento su libertad, esa misma que, como dice ella: “Se ganó solita”.-Ceci García Olivieri.