El flamboyán explota y Yucatán se pone naranja
Cuando el calor aprieta y sentimos que el sol derrite hasta el ánimo, hay un árbol que hace exactamente lo contrario: explota, se enciende, se vuelve fuego.
Es el flamboyán, ese gigante naranja que en estos días convierte calles, parques y esquinas de Yucatán en una postal rabiosamente tropical.
Mientras nosotros buscamos sombra desesperadamente, él parece disfrutar el calor. Cuanto más fuerte pega el sol, más florece. Más intenso se vuelve su naranja eléctrico, ese color que sacude la vista y le pone energía hasta a las tardes más pesadas de mayo.
Originario de Madagascar y conocido científicamente como Delonix regia, el flamboyán no solo regala sombra de sombrero enorme y flores perfectas de cinco pétalos: también tiene vainas que suenan como maracas y raíces que se aferran con fuerza a la tierra.
Pero más allá de los datos, el flamboyán tiene algo que pasa por otro lado: nos despierta los sentidos. Nos obliga a mirar hacia arriba. A frenar un segundo. A recordar que incluso en medio del calor brutal, Yucatán también florece. Aquí te comparto 28 segundos de un flamboyán que me alegró el día. -Ceci García Olivieri.