Resignificar el 8M para cambiar el mundo… Y vaya que podemos
Me acuerdo cuando Julia era chiquita y, ejerciendo la “deditocracia”, señalaba con su índice derecho una iglesia gótica de un barrio de Buenos Aires y me preguntaba: “Ma ¿Y ese castillo? ¿Quién vive ahí?”… O cuando ella solita armaba su carpa en la sala de la casa y se atrincheraba adentro con el oso púrpura Lolo y otros amigos de su primera infancia porque “Afuera del castillo había cocodrilos”.
Hoy tiene 20 años, estudia y trabaja y ya sabe que el castillo es una igleisa y que ya no puede atrincharse en su carpa con el oso púrpura Lolo, aunque haya cocodrilos afuera. Le toca salir, vivir, reinventarse.
Hoy caminaba por el Centro Histórico de Mérida y pensaba en ella, mientras me cruzaba en la calle con cientos de mujeres solas, acompañadas, con y sin hijos, cargando bolsas, papeles, angustias y sueños. Y pensaba que el 8M -Mes Internacional de la Mujer- ya casi termina y seguimos viviendo mi hija Julia, las mujeres que me crucé hoy en la calle, tu y yo en un mundo que también ejerce deditocracia sobre nosotras y nos llena de culpa y de prejuicios con sus estereotipos, opresión y violencia ¿Cuándo termina? ¿Termina? ¿Cuál es el caminito para vivir en un mundo mejor para todas nosotras?
Nuestra existencia y nuestra voz es valiosísima, mujeres, que nadie nos calle y que nadie decida sobre nuestros cuerpos, mentes y almas. El 8M es una fecha, pero sabemos que no es suficiente. Resignifiquemos la fecha para que sea mañana, pasado y siempre, es la única forma de cambiar el mundo y vaya que podemos…
Denunciemos, exijamos leyes con perspectiva de género, maternemos sin culpa, no tengamos hijos si no queremos, estudiemos y trabajemos de lo que queramos y nos haga felices en la medida de lo posible, amemos y cuidemos nuestros cuerpos y mentes, exijamos respeto, nuestro lugar y alcemos la voz siempre. Por mi hija Julia, por ti, por tus hijas y por todas.-Ceci García Olivieri.