Y «dejamos ser» a The Beatles sinfónico en un viaje sideral y fue maravilloso
Había escuchado hablar de The Beatles, claro, pero mi primer contacto con ellos -piel con piel, cheek to cheek-, fue a través de “Let it be”.
Tenía 13 años, estaba en primer año de secundaria y, en la clase de inglés nos enseñaron la letra de esta canción y hasta la cantamos en un evento de la escuela: “Let it be, let it be, whisper words of wisdom, let it be”, déjalo ser…
Después, por un gran amor de mi vida, tuve otra vez un acercamiento musical al maravilloso cuarteto de Liverpool, que cambió para siempre la música mundial y le dio tanta voz y tan variada y creativa a nuevas generaciones.
Y esta noche, cuatro décadas después de mis 13 años y de mi primer Let it be, el corazón me latió bien adolescente, me mente se fue volando a mi ciudad natal, recordé besos en una casa en Buenos Aires y un viaje a Londres, sin llegar a Liverpool, pero con John, Paul, George y Ringo sonando fuerte en mi walkman.


Todo esto a flor de piel y desde el anfiteatro del Gran Parque de la Plancha, donde con una acústica perfecta, miles de personas (sentados, parados, desde arriba, desde el pasto, desde abajo, por todos lados) disfrutamos a más no poder del concierto The Beatles Sinfónico, que nos regalaron con el corazón en la mano la Orquesta Sinfónica de Yucatán y el Coro de Cámara de Yucatán, en el marco del Otoño Cultural que organiza la Secretaría de la Cultura y las Artes.
Todas y todos hoy hicimos, durante poco más de una hora, un viaje sideral por la historia y los distintos momentos de The Beatles, patrimonio cultural de la humanidad. La batuta la ejecutó el maestro Jesús Medina, quien vibró de pie la música, compenetrado, bailando y dando saltitos al ritmo de cada instrumento. Nos contagió pasión.


El concierto fue perfecto de punta a punta y sonaron Yesterday, Hey Yude, Yellow Submarine, When I sixty four, Michelle, Ob la di, ob la da, Can’t buy me love y, por supuesto, Let it be, entre otras muchas. Cada vez que descubríamos una canción entre violines, flautas y chelos, sonreíamos, aplaudíamos, tarareábamos y encendíamos los celulares para hacer el mar de estrellas de este viaje sideral. Fue simplemente hermoso y a todos la música nos tocó el alma.
Gracias Paul, John, George y Ringo por todo y más, por los recuerdos, por la música en la vida, por la vida en la música y por los momentos que no se olvidan, que no se van a ningún lado y hacen bien al corazón. Y siempre, siempre: Let it be…-Ceci Garcia Olivieri.