«Toxic», cuando la amistad adolece con colores fríos y corazones raspados
Lo digo sin temor a equivocarme: ir al cine con la única compañía de el alma que nos habita, es sin duda uno de los actos de amor propio más grandes, una masturbación espiritual que siempre hace bien. Y ayer me lancé al Teatro Armando Manzanero para disfrutar de la 77° Muestra Internacional de Cine, que nos ofrece de forma totalmente libre y gratuita la Secretaría de la Cultura y las Artes. La sala estaba concurrida y eso ya es un gustazo. Disfrutamos de la premiada película lituana “Toxic” (Tóxico), una historia de colores fríos, texturas que raspan el corazón y adolece amistad. Aquí les comparto mi crónica y les cuento que la muestra sigue con películas de primera hasta el 13 de julio, no se la pierdan:
¿Puede una amistad entrañable y a prueba de todo nacer del robo de unos pantalones de mezclilla? Creo que una amistad entrañable puede surgir de los episodios más disparatados y así ocurrió en el comienzo de Toxic, la película lituana y ópera prima de la joven cineasta Saulé Bliuvaité, ganadora el año pasado del Lepoardo de Oro a la mejor película del Festival de Locarno.
Y sí, Saulé engancha con su historia de amistad adolescente, en una ciudad perdida de Europa del este, de colores grises y un poco apocalípticos y nos tiene a todos al borde de un drama en el que gente muy joven esta en situación vulnerable y eso provoca siempre un poco de asfixia y desesperación porque #conloschicosno.



“Deprimente” es el adjetivo que se me pasa por la cabeza cuando veo cómo transcurre la vida cotidiana en la pequeña ciudad de Lituania y allí viven y sobreviven un grupo de adolescentes, protagonistas de Toxic. El lugar que habitan es tan inhóspito y desesperanzador que la existencia de una “Escuela de Modelos” ahí mismo, es ridículamente una idea genial para huir de ahí.
Y allí se conocen Marija (una adolescente flaca, altísima, bella, tímida y coja) y Kristina (delgadísima con complejo de gorda, pequeña, arriesgada y de una mirada madura y triste que desborda), dos niñas-mujeres que sueñan con salir de esa ciudad que las tiene como “outsiders” para lograr un futuro de éxitos en “París o Tokio”, como les promete en repetidas ocasiones la mujer un poco siniestra que maneja la agencia de modelos.


Más allá de la disfuncionalidad familiar que viven las dos chicas, un entorno de carencia económica constante, una violencia sexual agazapada y el no espacio físico ni mental para “adolecer” la adolescencia lo mejor posible, la “Escuela de Modelos” las orilla a la bulimia y anorexia (se meten algodón en la boca para disimular el hambre) y a conseguir dinero a cualquier precio con tal de lograr las metas para llegar a París o Tokio.
Gracias a las jóvenes actrices, me quedó en el corazón raspado la sensación de que la peli es más sobre la amistad que sobre la crueldad y la violencia que las chicas enfrentan. Ellas empatizan con las y los espectadores y, aunque me dio un poquitito de hueva la onda de “cine independiente” que hace tanto tiempo dejé de ver (por eso mismo, porque me daba tantita hueva con sus ritmos y texturas que se volvieron en muchos casos un lugar común), Toxic me mostró que siempre podemos salir de la toxicidad y que los caminos equivocados siempre nos dejan algo que aprender, aunque no conduzcan a Roma, como dice el dicho.
La Muestra Internacional de Cine continúa. Al final de las pelis, hay un espacio de plática con el cineasta Bernardo Arellano, por si te interesa compartir lo que sentiste y viviste al ver el film. Aquí te comparto el flyer de la muestra.-Cecilia García Olivieri.
