“Mi trabajo es cuidar la luz de fe que crece en los niños”

Mujer Emprendedora: Rosa Castillo: catequista

Rosita Castillo es la primera mujer emprendedora entrevistada que no cobra por su trabajo pero se siente muy bien pagada. Con pasión y entusiasmo, esta mujer nos platica sobre la importancia de la fe hoy día, en una realidad complicada para enseñar Catecismo. Pero el trabajo con chicos todo lo puede y con creces, entérate:

Rosa Castillo Mukul es de esas mujeres que hoy llaman “Multitasking”, porque hace de todo un poco. La conocimos, micrófono en mano, corriendo a un funcionario para entrevistarlo, cuestionando acciones de gobierno entre una bola de reporteros que la apretujaban entre celulares, cámaras de fotos y de vídeo. Pero ella ahí sigue, estoica, porque dice que la adrenalina de conseguir la nota como periodista es lo que ama de su profesión.

… Pero también le encanta su otro oficio, uno muy importante en su vida, y que hace en sus ratos libres, cuando está alejada del periodismo. Rosita es catequista desde hace seis años y se considera una mujer emprendedora porque siente que con su trabajo de enseñar y difundir la palabra de Dios puede cambiar el mundo. Y el contacto con sus alumnos –niños de kínder a  primero de secundaria- es una de las experiencias más enriquecedoras que le ha dado la vida.

¿Y saben qué? Esta mujer emprendedora de 24 años no cobra por lo que hace, para ella su trabajo de evangelizar no tiene precio. Conózcanla, es muy enriquecedor lo que tiene para contarnos:

Defínete en pocas palabras, como en un tweet

Guerrera, atrevida y soñadora.

¿Qué es ser catequista?

Es el maestro que enseña la palabra de Dios a niños. El Catecismo en sí va desde kínder hasta chicos de primero de secundaria. Ya a partir de los 14 y hasta los 17, los adolescentes entran en Pastoral y de 18 en adelante, en Pastoral Juvenil. También hay catecúmenos, para aquellas personas adultas que no han tenido formación en la fe ni han hecho el Bautizo, la Eucaristía o la Confirmación y reciben formación en la fe. Yo soy catequista en la comunidad de San Juan Diego, de la parroquia San José Obrero, en el sur de Mérida. Desde chiquita estuve en San José y ahí recibí todos mis sacramentos. Ellos son como una familia para mí y mis papás me dicen “Ya llévate tu cama a la parroquia”, porque de ahí no me mueve nadie (se ríe).

¿Cobrás por tu trabajo?

No, no cobro. Lo hago desde seis años y es algo que me llena el alma y me hace entrar en paz. Si tengo una semana complicada, con un abrazo de los niños y sus preguntas de “¿Maestra, cómo está?” ya se me pasa todo lo malo. Ellos son esas pilas que te recargan de manera gigantesca y eso me encanta.

¿Te consideras una mujer emprendedora?

Yo diría que sí, porque he sido muy perseverante en este oficio de enseñar la palabra de Dios. Siento que puedo cambiar el mundo con lo que hago y hay algo que no me deja ir y que me hace seguir aprendiendo de los niños a los que les enseño. Ellos aprenden de mí y yo de ellos todo el tiempo.

¿Tuviste alguna vez una crisis de fe?

Sí, cuando murió mi abuelo Jorge Castillo. Yo estaba a punto de cumplir 15 años y fue un golpe muy fuerte en vida. Para mí el culpable de su muerte era Dios. Recuerdo que estaba en la misa de mis 15 años en la iglesia y pensaba: “¡Ya sáquenme de aquí!”. Fueron como tres años de estar alejada de Dios.

¿Qué te hizo regresar a la fe?

Una de mis tías y madrina me invitó a un retiro espiritual y ahí me pregunté qué había hecho porque abandoné muchas cosas por ese rencor y odio que sentía por la muerte de mi abuelo. En el retiro todo desapareció y me di cuenta que Dios me dio todo, me dio a mi abuelo y si no lo supe aprovechar en vida, ese error fue mío, no de Dios. Con Dios todo y sin él nada… Ahí descubres el amor y tienes ese encuentro maravilloso con él.

¿Alguna vez pensaste en ser religiosa?

Tengo una tía religiosa y de niña sí lo pensaba. Sin embargo, sueño con casarme, formar una familia y tener hijos.

¿A cuántos chicos les enseñas catequesis? ¿Cómo viven esos chicos?

Actualmente doy clases a 16 niños entre 11 y 12 años y es una edad complicada. Viven en el sur profundo de Mérida y a veces no hay papá y la mamá tiene que trabajar todo el día para traer el sustento a la casa. Son mamás ausentes por su misma situación y en los niños a veces hay rencor. Te dicen: “Mamá no me presta atención”. Entonces trabajo con ellos explicándoles y mostrándoles la realidad: Mamá tiene que trabajar pero hoy tú tienes ropa que vestir, un plato de comida y la oportunidad de estudiar y ahí se dan cuenta y valoran lo que tienen.

Cuéntanos alguna actividad que hayan hecho

La semana pasada les pedí que escribieran una carta a sus mamás pero en una circunstancia especial. Les dije: “Estamos viajando en avión, hay fallas técnicas y ustedes van a morir. Tienen cinco minutos para escribirle una carta a mamá”. Me decían que era muy poco tiempo y algunos hasta lloraban… La premisa fue mostrarles porqué necesitamos un reloj detrás nuestro para decir las cosas. Hay que disfrutar el presente, llegar a casa y decirle a mamá que la aman. Al otro día recibía los mensajes de las madres con “¿Qué le hiciste a mi hijo?” y puras gracias porque sus hijos las abrazaron y besaron. No recibo dinero por mi trabajo, con vivir esto me siento bien pagada.

¿Cómo se hace para llevar la palabra de Dios hoy día? ¿Qué tipo de cosas te cuestionan los chios y qué les respondes?

Es difícil porque hoy a un niño no le llegas con imágenes en un texto, le tienes que hablar con más fuerza y realidad. El tema de la familia es uno de los más cuestionados por ellos. La Iglesia Católica te dice que familia es papá, mamá e hijos. Te cuestionan cosas como: “Mi mamá es soltera ¿Entonces no somos una familia?” ó: “Yo vivo con mis abuelos y tíos, ¿Ellos no son mi familia?” Entonces ahí les explicas que nosotros tenemos el ejemplo de familia de María, José y Jesús y que debemos buscarlos en nuestra propia familia. José era un hombre trabajador y responsable, María era fuerte y valiente. Nuestra misión es buscar esos ejemplos entre las personas que forman parte de la familia que tenemos. Y si son dos mamá en una familia, deberán dar el ejemplo de vida de la Sagrada Familia. Los niños son maravillosos, ellos se van haciendo su propia imagen de las cosas y resuelvan solitos al final sus dudas. Mi trabajo es darles las herramientas para que así sea y cuidar la luz de fe que poco crece en ellos.

¿Qué necesitan hoy día los chicos?

Empatía y compresión. Cada sábado llego y me pongo a jugar con ellos para que luego, en un ejercicio de respeto, ellos me escuchen. Eso es fundamental para los niños hoy día, que nos podamos poner en su lugar, aunque sea un ratito.

¿Cómo ves la enseñanza del catolicismo en Yucatán?

No es igual ni parejo en todos lados y hace falta mucho más trabajo por parte de la Dimensión Diocesana de Pastoral de la Catequesis (Didipac), el órgano que se encarga de la Catequesis en Yucatán. Los subsidios y los libros que te dan para enseñar Catecismo los hacen para la gente del norte de la ciudad y no puedes hablarles a todos iguales porque viven realidades diferentes. Hace falta más empatía por parte de la Didipac y más actualización para plasmar mejor las cosas.

¿Qué cosas podrían cambiar para hacer mejor tu trabajo de evangelizadora?

Además de lo que mencioné de Didipac, hace falta más participación de los papás en la formación en la fe de sus hijos, más trabajo en equipo con nosotros. A veces los niños quieren aplicar lo que aprendieron y les falta apoyo de la familia. O, por ejemplo, los mandan solos a misa. Necesitamos que las familias se involucren más.

Danos un mensaje para los chicos

No le tengas miedo a Dios. Él te espera con los brazos abiertos siempre. Deja a Dios ser Dios en tu vida. Vive tú mismo la experiencia de acercarte a Dios, quizás te mande una señal y te hable.- Cecilia García Olivieri.