“Los caminos de la vida… No son lo que yo pensaba…”

Columna: El poder de mi bicicleta
por Verónica Camacho

Y quien diga lo contrario miente, porque conforme sumamos años nuestra perspectiva infantil e inocente se va desvaneciendo, vamos descubriendo que los castillos y los príncipes azules o reinas no existen y que la esfera de cristal con la que nos cubrieron nuestros padres desaparece.


Además, nos vamos enfrentando a muchas situaciones que, complicadas o no, pensamos que tenemos que hacerlas de acuerdo a lo que dicta la gente. Ya sabes, crecer tener novia, novio, casarte, tener hijos, cuidar nietos… Y si nos vamos más allá, desde ya te condenan diciendo que si tu padre o madre tenía tal padecimiento, eso mismo tendrás.

En lo personal, recuerdo que en mi infancia fui una “niña-chango”. Nada me atemorizaba, saltaba y brincaba, pero conforme crecí y escuchaba los “no hagas”, “no se ve bien”, “mejor no”, “sola no”, “no puedes”, etc etc, me fui inmovilizando en muchos aspectos. Y como diría Juan Gabriel “Hasta que te conocí”, bueno más bien fue un reencuentro con la bicicleta.

Empezamos de cero, como toda buena relación. Mi primer rodada, después de tanto tiempo, fue con un amigo con quien recorrí varios kilómetros. Recuerdo que me daba miedo hasta frenar y bajar mis pies y conforme pasaron las horas, la bici y yo nos entendimos mejor.

En un principio sí dudaba en salir sola y muchas más si era lejos, pero ese temor desapareció.

Hoy mi bicicleta se ha vuelto imprescindible en mi vida. Si tendría que definirla, lo más cercano sería a tener una amiga que me acompaña, que me ayuda a llegar hasta donde yo quiera, me concentra, desestreza, equilibra, me ayuda ahorrar dinero, me hace sentir ecológica, me da salud y, aunque parezca loco, me da juventud, pues cada vez que ruedo me convierto en esa niña-chango otra vez ¡¡¡Mis años felices de mi infancia!!!


Como buenas amigas hemos caído juntas y de la misma manera nos hemos levantado solo para rodar con más impulso, porque no hay raspadura, moretón, distancia, lluvia ni calor que nos detenga. No quiero dejar de sentir el viento en mi cara, el sudor en mi cuerpo, tampoco ceder el espacio que me pertenece en la calle y que me empodera y me da la sensación de volar bajito en cada pedaleada.

Si la humanidad supiera que tiene en sus manos el elixir de la vida, este mundo sería otro. Si estas deprimido, enojado, si crees que el mundo se acaba, pedalea y descubre que el manubrio te devolverá la dirección de tu vida.

(A continuación, Vero nos regala algunas imágenes que toma en sus viajes en bicicleta :D)