“La cultura de mi ascendencia trasciende en mi hija”

A 114 años de la llegada de la primera migración coreana a Yucatán, platicamos con Mirley Ramírez, una mujer que se considera “mitad yucateca y mitad coreana” y nos cuenta porqué lleva las dos banderas como estandarte, no te lo pierdas

En la fotito de perfil del Whatsapp de Mirley Ramírez Guerrero hay un dibujo que dice “Día de Corea” con pinceladas orientales y letras coreanas. En los rasgos yucatecos de esta mujer nacida en Mérida hace 33 años, también hay vetas asiáticas: pómulos levantados y ojos rasgados, pintados con maquillaje, claro, “Made in Corea”.

Y es que Mirley se siente “Entre dos tierras”. Es yucateca, como las generaciones que la anteceden, pero por sus venas –como ella bien dice- también corre sangre coreana. De un tatarabuelo llamado José Yu y de un bisabuelo de nombre Luis Kim, quienes llegaron a Yucatán a principios del siglo XX. Al día de la fecha, las tradiciones y costumbres de Corea están más vivas que nunca en la vida de esta mujer.

En días pasados Yucatán celebró 114 años de la primera migración coreana a nuestro país. Pero no te vamos a contar qué pasó en aquel entonces, vamos a dejar que Mirley –mujer emprendedora y mamá- nos cuente porqué ella es vida de este legado que se mantiene más presente que nunca. Aquí te dejamos la entrevista:

Cuéntanos la historia de tu familia coreana

Mi tatarabuelo se llamaba José Yu y llegó a Yucatán en 1905. Huían de la guerra y vinieron a trabajar en haciendas henequeneras, en plena época del “Oro Verde”. También llegó pero más tarde mi bisabuelo Luis Kim, quien se casó con Norberta Yu, hija de José y Manuela Chan, yucateca.

¿Cómo prosperaron las familias?

Luego de que terminó el trabajo esclavo en las haciendas henequeneras, mis familiares coreanos se dedicaron al comercio, exactamente a la venta de dulces tradicionales. Norberta y Luis vivían en Ticul pero vendían los dulces que fabricaban en distintos poblados y también en Mérida. Dedicados al comercio criaron a sus hijos.

¿Pensaban en regresar a Corea?

Siempre. Luis Kim quiso volver y se reunía con otros coreanos en Mérida y se organizaban para juntar dinero y mandar a sus familiares que sufrían lo que había dejado la guerra. También planeaban la forma de volver a Corea pero nunca se pudo… Ya habían hecho su familia aquí, estaban casados con yucatecas y así se fue el sueño de regresarse.

Mirley, durante una conferencia sobre Corea, portando un traje típico con pintura de henequenes.

¿Te consideras mitad coreana y mitad yucateca o enteramente yucateca ¿Por qué?

Me considero mitad coreana y mitad yucateca. En 2012 tuve la oportunidad de viajar a Corea y me sentí tan identificada con ellos… Mis facciones son muy asiáticas –soy muy chinita- y entre ellos me sentía como en casa. Con la comida sí tardé en acostumbrarme porque ellos comen mucho caldo y hay demasiados condimentos arriba la mesa. Así que comía arroz y pollo cortadito y mucha verdura, que es como nos acostumbró a comer mi abuela. Ella también nos preparaba puchingué (torta de huevo con verduras) y kimchi (lechuga con chile y ajo que se fermenta) y cuando encontré esos sabores en Corea no dejé de probarlos.

Cuéntanos lo que más te marcó del viaje

El entrar en contacto con mis raíces me identificó mucho más con Corea. Ellos son muy trabajadores y hacen de todo. Es un país que se levantó de la miseria de la guerra y hoy es casi una potencia. Todo lo lograron guardando dinero y apoyando al gobierno para que resurgiera. Es un país inteligente y eso me hace sentir orgullosa.

¿Qué significa para ti ser descendiente de coreanos?

Mi raíz es Yucatán y soy una mujer que porta el terno con orgullo. Sin embargo, significa mucho para mí descender de coreanos. Me identifiqué inmediatamente con la rapidez para hacer las cosas… Ellos te dicen “Pali, pali, pali” (rápido, rápido, rápido) y así me ves a mí todo el día aquí (se ríe). Soy muy trabajadora y emprendedora, tengo un negocio de artesanías de huano y no paro de pensar cosas para avanzar por mí y por mi hija. Y todo esto, en cierta forma, lo aprendí de mi ascendencia.

Hoy no tienes familiares directos coreanos, sin embargo ¿Qué cosas o situaciones de esa cultura siguen vivas?

Portamos el traje típico de Corea en las ceremonias que hacemos aquí y en la fiesta del Día de la Independencia (15 de agosto). También estamos acostumbrados a hacer señas coreanas con las manos, preparo la comida coreana que me enseñó mi abuelita Margarita Kim Yu, me reúno con la comunidad coreana que vive aquí, visitamos restaurantes coreanos, escuchamos música de allá y también vemos novelas o programas coreanos.

¿Cómo compartes todo esto con hija yucateca?

Mi hija Mariana tiene 10 años y también se siente orgullosa de llevar sangre coreana en las venas. Es más, cuando sea grande dice que quiere ser una “chef coreana”. La cultura de mi ascendencia trasciende en mi hija y eso es maravilloso. Me encantaría que conociera Corea, es un sueño que tengo pendiente para cumplir con ella.

¿Cómo te ven los yucatecos?

La gente que me rodea sabe que soy orgullosamente yucateca pero también me considera una rescatadora de la identidad coreana y me aceptan así y hasta disfrutan que les comparta cosas de mi cultura ancestral. A la gente de aquí les atrapa la cultura coreana.

¿Qué sigue en tu vida entre dos tierras?

Mantener en alto mi orgullo de ser yucateca con sangre coreana en mis venas. Y voy a volver a Corea en julio próximo a hacer un diplomado de belleza. Y en un futuro no tan lejano viajaré con mi hija, por eso lucharé para que las dos cumplamos ese sueño.- Cecilia García Olivieri.

(En la imagen de portada, tres generaciones: Mirley, su mamá Margarita Guerrero Kim y su hija Mariana).