Feliz día y chamba por delante

Columna Viernes Sudaca

Por @laflacadelamor

Yo sé que hoy andan todas las madres ocupadas, en festivales escolares, celebrando su día. Sé también que algunas hasta fueron al salón de belleza para verse más lindas en la fiesta de sus niños (me consta). Sé que otras hoy no van a trabajar para pasar el día con sus hijos (también me consta).

Algunas recibieron regalitos o tendrán su día de Spa (momento de soledad, relajación y belleza que muchas madres solicitaron en su día), otras se contentarán con las manualidades que sus hijos les hicieron en la escuela (y que probablemente no sabrán dónde ubicar luego en la casa). Algunas recibirán flores y la mayoría besos y abrazos, como corresponde.

Les quito un minuto de su amable atención en este día tan importante para ustedes y para la sociedad en general  -¿Se dieron cuenta que el Día de la Madre se celebra en las escuelas como si fuera una fiesta patria?- para que paremos un minuto la pelota y miremos el partido desde la tribuna ¿El fin? Tener un panorama más global de la situación que vivimos.

El Día de la Madre es súper importante en México y no sólo por la parte comercial de hacer regalitos y esas cosas, sino porque “para ustedes” es importante: para los hombres y mujeres mexicanos.

La figura de la madre es poderosa y trasciende generaciones: hoy día las madres mayores le dan tanta importancia a este día como las mamás millennials, no ha cambiado nada al respecto.

La figura materna en la familia como eje de la misma parece intacto, prospera, sigue su curso, no se detiene ¿Es un matriarcado? ¿Esta es la palabra correcta? Y algo me hace ruido: Si la figura materna es tan importante: ¿Por qué el machismo sigue tan vivo?

La ignorancia me acechaba así que inmediatamente corrí al teléfono y le marqué a Ligia Vera, médica y académica con un chingo de experiencia en el tema de género, mamá y abuela. Esperaba que ella me socorriera.

Primero me felicitó por el Día de la Madre, luego la felicité yo a ella y, como si tuviéramos dos tazas de café en el medio, comenzó una plática.

“Confundimos en que la mujer es el centro de la familia y lo llamamos “Matriarcado”, cuando no lo es realmente. Hay matrilinaje, te diría un antropólogo, que no es lo mismo. El poder no es absoluto de la mujer, es más bien: ‘Te dejo todo pero tú no mandas’ y siempre terminas rindiéndole cuentas a alguien. Eso se ve muy marcado todavía en el interior del estado”, lanza y hace un jonrón.

“Pero si no nos vamos tan lejos y hablamos de las mujeres meridanas profesionales que trabajan, cuidan hijos y la casa y son jóvenes ¿Por qué aquí, a la vuelta de tu casa o la mía sigue existiendo el machismo? ¿Cómo criamos a nuestros hijos?”, le pregunto.

“Porque todavía tenemos muchos chips culturales que vienen de siglos y ahorita te diría que ya cursamos una etapa de transición porque no todos los condicionamientos culturales son malos. Valorar el papel de la mujer en la familia y el empoderamiento que está viviendo hoy día conduce a un cambio social que nos va a llevar años, pero ya empezó. Por eso es importante que desde el kínder los chicos sean educados en el respeto a ellos mismos y hacia las otras personas y los cambios ya se empiezan a ver”, explica.

Para Ligia el caminito de años para cambiar el chip es complicado, pero no imposible. La crianza compartida (¿Les suena esto?) de papá y mamá, educar con el ejemplo (todo lo que viven en casa –sea lo que sea- los marcará a nuestros hijos para bien y para mal por toda la vida), darle a cada uno en la familia su justo lugar, sin desvalorizar y con respeto, es la base para un cambio que se va dando pasito a paso.

Y en este día de festejo, le pido a Ligia que cierre la plática con otro jonrón –monumental-, que sea de autocrítica ¿Qué podemos hacer desde nuestro papel de mamás para ser mejores?

“Nuestra gran responsabilidad es educar sin dejar de amar desde la responsabilidad y los valores. Y el primer valor es el respeto. Tenemos que empezar a mirarnos como una familia que es un ‘equipo´ y como tal a cada parte –mamá, papá, hijos- le toca hacer algo. Si mamá tiene que hacer todo, las cosas no van a cambiar”, remarca.

¿Y con el chip nuevo qué hacemos?, le pregunto.

“Le tenemos que vender el chip nuevo a nuestros niños y eso lo logramos cambiando nosotros, los padres. Si el cambio no se genera desde arriba, no cambian los de abajo. Hay que cambiar desde todos lados”, enfatiza. Ya nos habíamos tomado como tres tazas de café virtual y cortamos con besos y abrazos.

El papá no “ayuda” en la casa, el papá –que trabaja como la mamá- se reparte tareas con ella para que todo fluya mejor entre las cuatro paredes donde viven. Y los hijos, aunque sean chiquitos, ya pueden hacer cosas también para tener una mejor convivencia.

Si papá y mamá trabajan, el dinero que llega a casa es de familia, ni de uno ni de otro. Nadie puede atar económicamente a nadie y los chicos tienen que saber que vivimos en familia como en un equipo donde, si todos tiran para el mismo lado, las cosas avanzan. Sino no vamos a ningún lado.

Te dicen que discutas con tu pareja cuando tus hijos no te escuchen. Todos sabemos que eso es imposible, excepto que te vayas de la casa y te pongas a discutir en la calle. Los chicos son esponjas, lo sabemos. Se angustian y ponen ansiosos si nos ven pelear con nuestra pareja ¿Qué hacer? Tratar de resolver las cosas de otra forma. Es re re re difícil, ya sé, pero estos bajitos son nuestra responsabilidad y eso es parte de ser padres. Si no demostramos respeto con nuestra pareja ¿Cómo van a aprender ellos de este tema?

Si como mamá estás criando sola a tu hij@, que tu experiencia no sea la experiencia de pareja que ellos tengan en un futuro. Hay que construir puentes positivos con nuestros hijos para que ellos puedan hacer parejas felices si es que quieren hacerlo cuando sean adultos.

¿Es fácil todo este caminito? No ¿Es imposible? No ¿Por dónde se empieza? Por acá, por mí, desde mi casa, con mi pareja (esté con ella o no) y así… Ya arrancamos, el tema es que nos demos cuenta que ya nos está pasando.

Por cierto, Feliz Día para todas las mamás, de panza y de corazón. Hay mucha chamba por delante.

(La foto de portada es ilustrativa. Aparecen la mamá Nelda Cecilia Balam, su hija Karla Hernández y el hijito bebé. Karla superó el cáncer así que la foto habla de una historia de familia guerrera).