De amor, sexo, relaciones tóxicas y muerte

Columna “Jueves Sudaca”

Por @laflacadelamor

¿Viste cuando le regalas a un niño un juguete caro y se pone a jugar con la caja o el envoltorio? Bueno, así me sentí un poco ayer por la noche, cuando viví por primera vez en carne propia una ópera. Se llama “Cavalleria Rusticana”, la compuso un señor italiano de nombre Pietro Mascagni y la disfruté mucho.

Se preguntarán porqué me puse a jugar con el envoltorio cuando me dieron un regalo grande, lindo y caro. Bueno, es que, con más de 40 años, nunca había vivido la experiencia de una ópera y se puede decir que la disfruté hasta en los detalles más chiquititos. No soy crítica de música ni mucho menos, pero sí les puedo contar mi experiencia y también afirmarles que, si nunca vivieron una ópera, quizás les den ganas de disfrutarla porque realmente vale la pena.

Fue en una función anoche para la prensa –previo al estreno de mañana viernes- o sea que el ambiente era bastante descontracturado. Entramos al Teatro José Peón Contreras –una verdadera reliquia yucateca- y el telón rojísimo estaba bajo. Todavía no sonaba la “Primera llamada”, que es para que te prepares a sentarte y portarte bien, sin hacer ruido.

El telón rojo y pesado tapaba el escenario, pero algo sucedía igual allí arriba: era como que estaba “abierto” en dos. Dejé mis cosas en mi asiento y corrí a ver esa rareza de la naturaleza que mostraba el interior de las tablas y de donde además salía música. Me acerqué al agujero del escenario que llaman foso y ¡Voilá! Estaba lleno de músicos.

Instrumentos de cuerda, vientos y otros sonaban abrazados por sus ejecutores, todos vestidos de “No gala” para este evento, así que el ambiente sumaba más relax, todavía. Fue maravilloso ver a los músicos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán practicar desde el foso, como si estuvieran proyectando notas musicales desde el centro de la tierra… Muy Julio Verne todo…

A la “Segunda llamada” ya nos ubicamos todos y para la tercera ya estábamos sedientos de música. Y ahí apareció el maestro y director Juan Carlos Lomónaco, a cargo de la batuta. Hagamos un paréntesis en este punto: Si usted se cruza a Lomónaco por la calle, seguramente le parecerá un tipo serio, muy educado y de pocas pero justas palabras. Bueno, así lo conocía yo, hasta que lo vi volverse loco de felicidad y creatividad al ejecutar música.

Sólo podía ver de él su cabeza y brazos de espaldas (era todo lo que me permitía desde mi ubicación al foso), pero pude sentir en carne propia como este hombre fluye cuando hace música. Fue todo un descubrimiento, muy hermoso por cierto ¿Saben por qué? Porque verlo ejecutar transmite emociones.

Tras los primeros acordes se levanta el telón y de golpe ya no estamos en Mérida 2019, sino que nos transportamos sin escalas a finales del siglo XIX, a una aldea en Sicilia (Italia), donde están a punto de celebrar las Pascuas. La escenografía, iluminación y caracterización de los cantantes y actores es sencillamente maravillosa.

Ya de entrada no hay que ser muy vivo para darse cuenta que nos encontramos ante un dramón amoroso o una “Relación tóxica” –al decir de mi amigo y colega Irbin Flores, sentado a mi lado derecho-, pero de hace dos siglos. Se las hago corta: Santuzza le había entregado su virginidad a Turiddu antes de casarse, pero este hombre tiene relaciones sexuales con su ex novia Lola (ahora casada con Alfio). Santuzza se entera y ahí se arma un drama que ni les cuento.

Santuzza.

Ya sé, dirán que soy exagerada, pero no piensen como pensamos ahora –que también ocurren estas situaciones, claro-. Ubíquense hace dos siglos atrás, en una aldea chiquita italiana y en plena celebración religiosa. Si una mujer le había entregado su virginidad a un hombre y era traicionada, seguramente no se iba a casar y pasaría una vida de deshonra si el pueblo se entera. Y como sabemos: “Pueblo chico, infierno grande”, todos ya conocían las andanzas de Turiddu, Lola y Santuzza porque había corrido el chisme como reguero de pólvora.

Más desesperada que Martha Sánchez en su canción de los 90’s, Santuzza siente que le quitaron el honor y encara a Turiddu con un frenesí descomunal.  Le grita (le canta, desgarrada) que le pegue, que la insulte pero que no la deje… Así de condenada se siente esta pobre mujer. Pero Turiddu ya está en otra frecuencia: volvió a amar a Lola, por quien asegura cantando que daría la vida y se  saca de encima a la despechada Santuzza a empujones literales.

Muchos saben que meterse con el corazón destrozado de una mujer puede traer problemas y Santuzza no tiene nada de santa, a pesar del nombre. Deshonrada, corre a contarle a Mamma Lucía –la progenitora de Turiddu- y eso no es todo… Le va con el cuento a Alfio, el esposo de Lola. Y lo que viene ya se lo imaginarán… O no.

Alfio –hombre rudo- ama a Lola pero los celos lo enceguecen y quiere sangre (así lo grita cantando el barítono), porque el amor se transformó en odio y su esposa y su amante son dos “Infames”, dice. Y ahí surge una palabra cantada que muchos conocemos y es “Vendetta” (venganza) y las cosas toman un rumbo muy oscuro, casi negro.  

El drama termina en muerte y no es spoiler. El sufrimiento brota en forma de música desde debajo de la tierra y se descarna en las voces, expresiones, movimientos de sopranos, tenores, barítonos, mezzosopranos, que da la sensación que dejan la vida en cada línea cantada. Cavalleria Rusticana termina mal, muy mal pero a la vez deja un excelente sabor de boca porque se disfruta de cabo a rabo durante 75 minutos. No sé cómo será vivir otras óperas, pero esta es muy entretenida y la historia hace que el tiempo se te pase volando.

¿Qué más me gustó? El coro yucateco es asombroso, con gente de todas las edades, un aplauso sonoro para ellos. Y otro más fuerte para Hugo Borges, fotoperiodista y colega sentado al lado izquierdo mío, quien puso el ojo donde puso la bala e inmortalizó en imágenes como las que muestran esta columna los momentos vividos. Transmiten emoción.

A partir de mañana viernes y hasta el 22 podrás disfrutar de Cavalleria Rusticana en cinco funciones. Los boletos todavía se venden en la taquilla del Peón Contreras y en la página web de la OSY: www.sinfonicadeyucatan.com.mx. Después no digas que no te avisé.

Celebración religiosa.