“Consíguete tres patos para que te acompañen”

PERSONAJE YUCATECO: El predicador de los patos

En bicicleta y con cuatro patos y un perro, Jesús Segovia transita las calles de Mérida predicando la palabra de Dios. Antes le gente la huía pero, aconsejado por Dios, hoy los patos lo protegen. Conoce su historia de vida:

Quizás que alguna vez te lo cruzaste por el Centro Histórico de Mérida. Se llama Jesús Alejandro Segovia y predica la palabra de Dios de una forma bastante particular: anda en una bicicleta y en ella lleva a cuatro patos y a un perro, todos con nombres, claro, porque son su familia.

Al hombre de los patos lo encontramos estacionado en la calle 60 x 59, esperando que el semáforo le diera paso. Tiene el pelo largo, barba, le faltan dientes y usa una gorra que le tapa la mirada. Debajo de la visera se ven unos ojos tremendamente tristes.

Jesús habla de Dios con la gente y los patos lo guían en esta tarea titánica. Y decimos titánica porque no se le hizo fácil predicar.

“Yo vivo en la Leona Vicario, en Kanasín, y allí pertenezco a una congregación cristina y salimos a predicar en las colonias. Pero por mi facha la gente me echaba la policía y cuando ellos llegaban me decían: ‘¡Vete a otro lugar, no molestes!’, relata, afligido.

Sin embargo, el señor de los patos dice que habló con Dios para buscar la solución a su dilema. “Le dije: ‘Señor: yo salgo a predicar tu palabra y no es posible que no me dejen dar tu mensaje que es sagrado…’. Y a los cinco minutos, él me contestó”, asegura.

Y el mensaje de Dios para Jesús fue muy preciso: “Dios me dijo: ‘No te preocupes, donde sea que vayas consíguete tres patos para que te acompañen y no vas a tener ningún problema…’. Y en nombre de Dios así fue…”, relata el hombre de la mirada triste.

Desde que Jesús subió a su bicicleta a Liz, Etelvina y Marly (hay un cuarto pato, pero no llegamos a escuchar claramente el nombre), cuenta que los animales lo protegen y llaman a la gente para que vengan a escuchar la palabra de Dios.

“Predico por la Casa del Pueblo y por la Central de Abastos y los patos me protegen… Estoy solo y ellos son mi familia”, explica el hombre de 55 años.

Cuenta también que una vez tuvo familia en Oaxaca, pero que lo robaron de niño y lo trajeron a Mérida. “La familia con la que viví me trataba como a un perro”, dice, angustiado.

Y una lágrima la asoma del ojo derecho y le hace un surco en la mejilla sucia y curtida por el sol. “Quiero que me devuelvan mis documentos, yo fui militar y me dijeron que deserté, pero no fue cierto y todavía no recupero mis papeles”, llora y explica que esta situación “Le da mucho sentimiento”.

Hoy día Jesús trabaja lavando autos para mantenerse él, a sus patos y a su perro Tribilín, que va acomodado en un canasto al costado de una rueda de la bicicleta. Y ya no lo entretenemos más, porque el semáforo se puso en verde varias veces y a él le urge seguir predicando la palabra de Dios. Se despidió con un sonoro “Que Dios los bendiga” y nosotros, claro, le deseamos lo mismo.- Cecilia García Olivieri.